jueves, 1 de diciembre de 2016

El nombre del hombre

                                    Especial para "La Barraca"

"Después, muchos años después, entenderá que lo más insoportable de los muertos es que están en todas partes"
                                                                    Martín Caparrós

Una pequeña explicación inicial. Fui amigo del autor de la frase con que encabezo este textículo. Ya no. Cosas de la grieta, quizás. Pero sigo leyendo algunas de sus obras. La cita está extraída de "Echeverría" (pág. 180, Anagrama, 2016), su novela histórica más reciente. Martín es un cronista formidable, de los mejores en nuestro idioma, un novelista desparejo tirando a mediocre, pero sobre todo, es historiador dice su curriculum. Y aquí se le nota. La construcción del protagonista suena, a veces, como un intento de alter ego. Ni unitario ni federal sino todo lo contrario, diría Ubaldini. Algo así se pretende, me parece yo que lo conozco, quien hoy mira desde España estos avatares de la historia nuestra. También suya. Pero dejemos tranquilo a Caparrós, el caparrosista.
Cuando supe que Fidel se había muerto y vi y leí las notas periodísticas recordé un viejo artículo mío en el que hacía referencia a los nombres propios.
Hagamos un ejercicio de imaginación ucrónica. Vamos a suponer que se muere el actual presidente de Brasil, Michel Temer. El desafío es "ver" un titular que diga "Murió Michel". No parece verosímil, ni siquiera entre los dieciséis partidarios que le queden a esa altura de la soireé. O "Falleció Donald" si es que a Trump le da un patatús cardíaco en plena orgía financiera.
Y aquí viene mi apuesta más local, más fuerte. Mauricio Macri se presenta a rendir Mamarracho III y aprueba. De la alegría, casi diría mejor, de la sorpresa le da un bobazo y, de inmediato, se ponen en marcha las instrucciones de "Conducta en los velorios", de Cortázar. "Vamos porque hay que ir..." y lo que sigue. Pese al grado alto de popularidad de que goza entre sus primos, colegas y demás mediáticos y judiciales favorecidos no me puedo acomodar los anteojos para leer una necrológica que se titule "Dejó de existir Mauricio". En fin, quede claro que lo mío es apenas un ejercicio de imaginación, un intento de reflexión inocente y no, como supone cierto lector o lectora cómplice, unas expresiones de deseo. Sigo.
Si digo Evo, si digo Pepe en Uruguay, si digo Cristina o Néstor, si digo Che, si digo Rafael en Ecuador, si digo Diego, si digo Evita, si digo Comandante en Venezuela o Nicolás, si digo General en nuestro país, si digo Lula o Dilma, si digo Chicho en Chile ¿hace falta que diga algo más?.
Eso, ese síntoma, marca las diferencias. Hay colegas que parecen ponerse guantes para escribir o decir Fidel Castro. Y se les nota. Cómo se les nota.
En el caso de Fidel, su universalidad se multiplica desde el viernes 25 de noviembre de 2016. Para algunos, para los poderosos en dinero y propiedades se hará insoportable, como dice la cita inicial, su figura enraizada en los corazones populares.
Nosotros seguimos andando "y en nosotros nuestros muertos pa'que nadie quede atrás", como nos enseñó Don Ata. Otro que no necesita agregados.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Encontraron su calle

"Es el grado máximo de algo" dice el diccionario, pero no es de eso que quiero contarte. Alguna vez Alfredo fue un niño y no es muy loco suponer que sus compañeros de escuela o los vecinos con los que jugaba a las figuritas o a la pelota lo sometían a burlas y cargadas. Esas actitudes crueles de que somos capaces a esa edad. Es que Alfredo soportaba estoicamente, imagino, llevar ese apellido: Colmo.
No supe de su existencia hasta hace unos días. Porque es bueno que sepas que no estoy inventando un personaje producto de mi imaginación. Alfredo Colmo existió.
El tío Google y la tía Wikipedia (ese matrimonio moderno y virtual siempre dispuesto a darnos una mano) dicen que nació en 1868 y vivió hasta 1934. Fue un jurista especializado en Derecho Civil y profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. No mucho más. Pero resulta que una calle de esa ciudad lleva su nombre. Hasta aquí nada especial.
Colmo es un apellido de origen italiano. Inclusive hay un lugar que así se llama en Bérgamo, bellísimo. Tano, dije, como Pichetto, Macri, Illia o Massa, Zannini y Parrili.
Al gobierno que supimos conseguir hace ya un año, un fucking año, se le ocurrió lanzar la idea de crear, construir o edificar una cárcel para inmigrantes que delincan. Algo así como una Ley de Residencia, versión remixada. Otra iniciativa, una más, que bien podría ser incluida en la categoría de Colmo. ¿Y dónde se te ocurre que proyecta hacerla? Sí, adivinaste, en la calle Alfredo Colmo. O sea, los ancestros de los nombrados, por ejemplo, podrían haber ido a dar con sus huesos a esa prisión de haber vivido bajo un gobierno así, tan perverso, tan Durán Barba. Esta ucronía mía no te debe distraer, por favor. Lo que quiero decir es que tanto cinismo creativo parece no tener techo.
Mirá, en esos mismos días se conoció la designación de un nuevo Director de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos del Servicio Penitenciario Bonaerense. Quizás el nombre te suene, te haga ruido. El tipo se llama Guillermo von Wernich. Sí, es pariente, el sobrino, del capellán de la Policía de Camps y que está condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos por él y su banda durante la dictadura cívico militar. La gobernadora Vidal, tan Heidi cachavacha, parece ser una buena alumna del monje publicitario ecuatoriano.
Los argentinos tenemos una bien ganada fama de creativos. Desde el dulce de leche y el revuelto gramajo hasta las huellas dactilares y la birome pasando por Maradona y Messi, en ese orden, hemos brindado al mundo nuestro bagaje en ese sentido.
Ahora agregamos un aporte más en el ámbito del lenguaje. Provocación y colmo pasan a ser sinónimos desde diciembre de 2015. Aunque la Real Academia demore varios siglos en admitirlo.
Mientras tanto, los farsantes que nos gobiernan por mandato de las urnas no encuentran el camino del desarrollo equitativo. Pero ya encontraron su calle.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Eso

      "El viejo mundo está muriendo y el nuevo aún lucha por nacer: ha llegado la hora de los monstruos" Antonio Gramsci


La novela se publicó en 1986. "It", del bueno de Stephen King fue llevada al cine en 1990 bajo la dirección de Tommy Lee Wallace y se convirtió en un clásico del género terror. El tío Google me cuenta que para 2017 se anuncia una nueva versión, esta vez dirigida por Andy Muschietti. Los yanquis son así, tanto en el espectáculo y el cine como en la política. La simbiosis entre industria cultural y manipulación política no es una novedad. Hay bibliotecas que lo confirman.
It quiere decir "Eso" en inglés. Entonces, podemos conjeturar que un Eso ganó las elecciones en Estados Unidos. En realidad, no ganó, pero ganó. Cosas del supuesto paradigma de la mayor democracia occidental. El carácter monstruoso de su personalidad parece que está fuera de discusión.
He leído, visto y escuchado explicaciones varias. No es para menos. El Eso yanqui tiene desde ahora un peso específico digno de tener en cuenta por el resto de los mortales. Es sintomático quizá que el subtítulo de aquel film de los noventas sea "El payaso asesino". Otra vez el arte como herramienta anticipatoria de la realidad por venir.
Desde el temprano artículo de Michael Moore, el muy inteligente razonamiento de Rafael Correa, los textos de Atilio Borón e Ignacio Ramonet y el flamante retorno del mejor Horacio González (felizmente superado su problema de salud para regocijo del pensamiento latinoamericano y la alegría de nosotros, sus amigos), cada uno con su estilo tratan de explicarnos el fenómeno. Pero explicar no es justificar, saludar o aplaudir el advenimiento de personajes dantescos que, con suficiente poder, son capaces de terminar con la vida tal como la conocemos.
Digo, porque también he visto, leído y escuchado alabanzas al Eso rubio yanqui porque le hizo pito catalán a los medios, a los encuestadores y a la madre que los parió. ¿Era mejor la señora Hillary?  La pregunta, contrafáctica a esta altura del vermú, encierra una trampa.
La mina es parte del aparato timbero internacional, tuvo participación activa en varias masacres perpetradas por el complejo militar e industrial de su país. Pero es prolijita, se peina lindo y perdonó a Bill aquella pornográfica lección de fellatio con la pasante Lewinsky.
Si trabajadores, inmigrantes y mujeres humilladas por Sucundún Sucundún Trump votaron a Eso allá ellos, pero yo no puedo sumarme al festejo del Ku Klux Klan ni al acomodamiento farandulesco de nuestro propio Eso.
No me jodan, Trump no es un personaje antisistema. Es, si quieren, un modelo casi caricaturesco de un sistema que hace aguas, pútridas y malolientes, pero uno más en un surtido que incluye a Peña Nieto en el México "lindo y querido", Rajoy en la España envejecida, Temer en el Brasil de Chico y Ellis arrasado por los crápulas y, para escarnio de nuestra dignidad como sociedad, este zángano mafioso e ignorante que compró buena parte de compatriotas enfermos de odio y ceguera cultural.
Donaldo se nota más porque  se trata de uno de los jefes del mundo y es capaz de hacernos papilla con solo apretar el botón equivocado, pero a no confundirse por sus alabanzas al líder de Corea del Norte, o a su desprecio al Tratado Transpacífico o matoneos así. Son estrategias de un grupo mafioso de los tantos que ocupan los resortes estatales en tantos países.
Como bien lo explica el marxista italiano, un muestrario patético de monstruos. Una colección de Esos depredadores.

martes, 8 de noviembre de 2016

La teoría del kiosco

                                                                               A Sergio Bonelli

Tienen algo en común. Se declaran antimacristas. Es más, en un caso me consta que no votó por el "catador profesional de garrapiñadas". En los otros no sé, no me juego.
Tuve un kiosco y lo cuidamos como un refugio. Había en él más música, camaradería y jolgorio que comercio. Así me fue. Pero eso es historia, experiencia vital enriquecedora y experiencia mercantil empobrecedora. Sin embargo, de a ratos recuerdo esa etapa de nuestras vidas con cariño, con una sonrisa. Estaba, y está todavía, en zona céntrica, rodeado de oficinas, departamentos, hoteles, bancos e iglesias. Cuando la crisis económica y social, una de las tantas, arrasó con todo el kiosco se derrumbó. No el local, pero sí el negocio. Siempre tuve claro que era el kiosco y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset.
El Senado provincial avaló la designación de José Valerio, abogado y juez propuesto por el gobernador Alfredo Cornejo, para ocupar un cargo vacante en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
Valerio es misógino y homofóbico. Varios de sus fallos así lo demuestran. Un botón:: Alejo Hunau, entrañable amigo, fue asesinado por un hombre que lo mató y lo robó. Valerio exculpó al asesino con el argumento de que la víctima tenía "una conducta sexual desviada". Sólo la firmeza de Silvia Ontivero, la mamá de Alejo y una mujer ejemplar, más el compromiso de Alfredo Mellado, su patrocinante legal, lograron revertir el exabrupto de quien hoy asciende al más alto tribunal con el sólido respaldo de hombres y ¡mujeres! del oficialismo y, oh sorpresa, de algún sector del peronismo vernáculo. El peornismo, como le llama Verbitsky.
Las personas que menciono al comienzo son funcionarios del actual gobierno. Colaboran con el régimen. Sí, aunque suene fuerte.
Alguno en el ámbito cultural, otra en el equipo de gestión educativa. Y, el colmo, hay quien fue víctima de torturas, secuestro y otros vejámenes durante la dictadura y es hoy la responsable provincial en el área de ¡derechos humanos! Pero hay más. Es una mujer que se dice progresista la responsable del área de género.
El gobierno para el que brindan su esfuerzo, su sabiduría y su experiencia nombra al tope del aparato judicial a un juez cínico, discriminador y mediocre moral, pero ellos argumentan que trabajan para la gente. Parecen llevar sobre su cabeza el "Cono del Silencio" que usaba Maxwell Smart en el "Superagente 86".
La única manera de entenderlos, pero no justificarlos, es aplicarles la teoría del kiosco. Ese que se les va a derrumbar cuando esa misma gente para la que dicen trabajar ya no pueda comprar libros, ni ir a la escuela a aprender sino a comer y las mujeres no encuentren reparo ante un nuevo femicidio o maltrato porque están desprotegidas por una pestilente lacra judicial.
Ya será tarde. Habrán dilapidado el único valor que nos permite a los humanos mirar a los ojos a los humillados, la dignidad.

jueves, 20 de octubre de 2016

Nada

Silvina Anfuso es la responsable del área de género del gobierno de Mendoza (perdón, tengo una muy saludable dificultad para retener los nombres burocráticos de las oficinas estatales y empresariales). Para explicar por qué no se sumaba a la Marcha contra la violencia que sufren las mujeres en esta sociedad masculinizada argumentó que la protesta estaba muy politizada.
Debería saber, digo, debería tener aprendido aquel principio que las feministas han universalizado ya: "Lo personal es político", que postuló Carol Hanisch y pasó a ser emblema de todas y casi todos.
El país y, por onda expansiva, otros lugares del mundo vieron desfilar, nos vieron marchar, con pancartas, cantos, llantos y dolores compartidos.
Mientras tanto, Anfuso y seis o siete mujeres burocráticas se juntaron a tomar el té con Su Excedencia el señor gobernador, Alfredo Cornejo.
No sé si Cangrejo lleva su Diario personal, como hacían ciertas figuras públicas antaño. Por ejemplo, Luis XVI, el decapitado monarca francés, cuya tumba vi en la Basílica de Saint Denis, donde descansa, ya sin su testa, junto a María Antonieta.
En la entrada de su Diario correspondiente al día 14 de julio de 1789 se lee: "Rien" (Nada).

martes, 11 de octubre de 2016

Eso no se hace

Un par de amigos dictaba un taller literario en un café del centro mendocino. Carlos Levy, un grandioso poeta urbano, y Emilio Fernández Cordón, el Emilio, tremendo cuentísta que tuvo la pésima idea de irse de este mundo antes de tiempo.
La juntada bohemia se llamaba "El adjetivo asesino". Juguetones los tipos. Es que el término adjetivo es sustantivo y asesino es un adjetivo que no siempre mata. "Cosas así siempre tan tristes", decía el cronopio.
Escribo estos delirios a raíz del discurso que Mempo Giardinelli pronunció en su nombre y en el de nosotros, sus compañeros del Manifiesto Argentino, en el estadio cerrado del club Atlanta para conmemorar los primeros cien años de democracia representativa en el país. En realidad, la excusa fue homenajear a Hipólito Yrigoyen. El gran chaqueño universal hizo un extraordinario uso y abuso de los calificativos. Flechas luminosas contra el blanco, rayos de dignidad dirigidos al corazón y el hígado de esta caterva de malandrines que se subieron al gobierno en diciembre pasado por obra y desgracia de las urnas infectadas.
Por eso, porque Mempo me abrió la puerta para ir a jugar, voy a hacer lo que no se hace. Agregaré un surtido de mi propia cosecha, de mi mejor ira, de lo que me brota desde las vísceras. El autor de "La revolución en bicicleta", "Luna caliente" y "Visitas después de hora", entre algunos de sus novelas emblemáticas, les dijo estafadores, mentirosos, autoritarios y otros piropos catárticos. Sumo y sigo.
Cínicos, hipócritas, xenófobos, discriminadores, soberbios, inútiles, impúdicos, rapaces, caraduras, corsarios, ladinos, taimados, fanáticos, basuras, violentos, patéticos, odiosos, obtusos, avaros, ignorantes, estúpidos, temibles, siniestros, infectocontagiosos, horribles, caretas, falsos, truchos, mojigatos, revanchistas, inhumanos, corruptos, nauseabundos, asquerosos, antipopulares, homofóbicos, delincuentes, mediocres, malparidos, represores. En fin, macris.
Dedico esta descarga ética ("Diatriba por la patria", un Giardinelli que alguna vez le regalé a Volodia Teitelboim, es otro de sus títulos imprescindibles) a todos y cada uno de los funcionarios nacionales, provinciales y municipales, a los legisladores de cualquier jurisdicción, a jueces, fiscales y otros animales de esa fauna y aún a quienes colaboran con el régimen so pretexto de ganarse la vida sin contaminarse, dicen, de la pus neoliberal. Ellos creen que son una isla, un coto blindado al que no le llega la mierda explotadora. Son los judenrath del siglo XXI. Cada nuevo pobre, cada pibe perseguido, cada mujer maltratada, cada plato de comida vacío, cada escuela convertida en merendero, cada andamio mudo, cada comercio cerrado es una cachetada explícita a los militantes del yonofui.
Claro, ya sé, esto no se hace. Por eso lo hago.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Significados

                                       "Que no es lo mismo, pero es igual"
                                                                              Silvio Rodríguez

Trataré de ser breve. Hay otras urgencias. Por ejemplo, el machismo, la cosificación de las mujeres y la defensa irrestricta de la propiedad privada las están matando a mansalva. Ahí voy.
Cuando la escuela primaria me recibió, a los seis años de edad, mi madre y mi hermana se esmeraban en proteger cuadernos, libros y carpetas con esos papeles verdes o azules, con dibujos y guardas que semejaban arañitas. A mí nunca me gustó tapar los libros. El colorido de sus tapas y lomos eran, y son, un regalo para mis ojos. Los veo como un arco iris, reflejo de lo múltiple y lo diverso que encierra su interior. Pero los cuadernos y carpetas sólo tienen la marca comercial al aire y eso siempre me importó un bledo.
Cuando entré en la pubertad y la adolescencia, es decir, cuando perdí la inocencia y gané el placer de sentir placer por el roce de los cuerpos, por las caricias cómplices, la búsqueda gozosa de las humedades sexuales compartidas aprendí, me enseñaron, a cuidarme de contagios peligrosos. Llegó la época del sida, pero también el riesgo de un embarazo no querido y la responsabilidad irresponsable de traer un bebé a este mundo sin estar preparados, ella y yo, para esa maravilla. Entonces había que aprender a utilizar ese látex, ese capuchón que nos preservaba de esos riesgos y nos permitía disfrutar de los cuerpos. Terminada la fiesta había que retirar el globito impregnado de esa "gelatina de sexo pegajoso", como escribió Armando Tejada Gómez.
Hace unos días el presidente argentino que supimos conseguir viajó en transporte público de pasajeros como uno más. Sonriendo (él con la dentadura blanca y completa, ellas y ellos no), tomado del pasamanos y en pleno diálogo con sus compañeros de viaje. Eso pareció. La cuestión es que todo fue mentira. Ni los pasajeros eran pasajeros, incluido él, ni el viaje era un viaje. Montaron la escena para difusión. Un acting, le dicen los chetos. En agosto pasado sucedió algo similar durante su visita, la visita de él como dicen los mexicanos, a Mendoza. Pidió permiso para ir al baño en una casa de Luján de Cuyo. También mintió. Los dueños de casa confesaron que sabían desde el día anterior que la vejiga presidencial iba a protagonizar esa performance. Estrategias de comunicación.
El senador bonaerense del PRO, Juan Pablo Allan, dijo ante la evidencia que era "nueva forma de comunicar". Lo dijo en televisión sin que se le mueva ni un pelo ni un músculo. También eso es falaz. Durán Barba, el estratega del asunto, es un buen alumno de un tal Goebbels. Nada nuevo.
De usted, lectora de mis amores, depende encadenar los relatos etarios del concepto que nos ocupa. Una misma palabra, pero significados distintos. La riqueza de nuestro idioma lo permite.